La miopía es una de las enfermedades oculares que más se han incrementado en la última década, afectando a cualquier persona, sin importar su edad. En algunos casos, afecta mucho más y deben recurrir hasta el punto, de realizarse cirugías.
¿Sabías que entre un 30% y 40% de la población de Europa y Estados Unidos necesita anteojos? Existen muchos factores ambientales de la vida moderna pueden tener una influencia en el asunto. Con unas pocas medidas preventivas, podría evitarse que muchos niños sufran de miopía, condición que ha plagado a una generación.

 
¿Cómo evitar la miopía?

«La miopía es una enfermedad industrial», dice Ian Flitcroft, del Children’s University Hospital de Dublín, en Irlanda. Y es que, a pesar de un posible papel de la genética en el desarrollo de la miopía, fue sólo después de que se diera un cambio en el entorno cuando el problema comenzó a emerger.
Aunque, los estudios epidemiológicos sugieren que los efectos de la lectura sobre la vista son mucho menores de lo que se cree.

Luz natural

Una de las explicaciones más populares es que la luz del sol nutre en cierta forma los ojos.
Un estudio realizado en Australia sugiere que quienes pasan menos tiempo al sol son más propensos a usar gafas para la miopía.
La luz solar puede ser 1.000 veces más intensa que la artificial. La luz solar estimula la producción de vitamina D, que es responsable de un sistema inmunológico y cerebro sano, y también podría regular la salud ocular.
El sol provoca la liberación de dopamina, un neurotransmisor que actúa en los ganglios basales del cerebro. La miopía es causada por un crecimiento excesivo del globo ocular, lo que hace más difícil enfocar una imagen en la retina. Y la dopamina parece ayudar precisamente en esto.

Cuestión de color

Lo de la buena vista también podría ser una cuestión de color: Las longitudes de onda verdes y azules se concentran en la parte delantera de la retina, mientras que la luz roja alcanza la parte posterior.
Como la iluminación de los interiores tiende a ser más rojiza que los rayos de sol, el desajuste podría confundir los mecanismos de control del globo ocular. «Esto le dice al ojo que no está enfocando bien y que, por tanto, debe crecer y compensar el desajuste de alguna manera», dice Chi Luu, de la Universidad de Melbourne, en Australia.
Flitcroft cree que el problema radica en el desorden de objetos que nublan nuestro campo visual. Cuando fijas tu mirada en un objeto, siempre habrá un desenfoque que pondrá a prueba los mecanismos de retroalimentación del ojo. En los exteriores, sin embargo, las cosas tienden a estar a una mayor distancia, proporcionando una imagen más clara que ayuda a regular el desarrollo del ojo.

Nuevos tratamientos

Con suerte, estas ideas no sólo tendrán importancia académica, sino que guiarán hacia nuevos tratamientos. Luu, por ejemplo, pretende llevar a cabo un ensayo en el que se aplique luz azul sobre niños miopes. Con ello el investigador espera no sólo frenar el deterioro de la vista, sino revertirlo.
Flitcroft señala que existen ensayos prometedores con lentes de contacto que pueden reducir el desenfoque de la visión periférica.
Para aquellos que quieran tomar medidas ahora, la mayoría de los investigadores coincide en que animar a los niños a jugar en el exterior podría ser una buena opción. En ese sentido, un ensayo llevado a cabo en escuelas en Taiwán ha dado unos resultados positivos moderados.